Sylvia Plath se inventa que tiene cáncer para cancelar citas


Antes de conocer a Hughes, Sylvia había salido con un número desorbitado de chicos, casi cuarenta ya durante sus dos últimos años en Bradford, a los que elegía o rechazaba en función del prestigio de la Universidad en la que estudiaban, de la carrera a la que se iban a dedicar en el futuro, y de su estatus social. Desde la adolescencia tenía la mirada puesta en lograr un matrimonio de éxito, y anotaba escrupulosamente en su diario las citas que tenía, la mayoría, aunque era una muchacha alta y de buena figura, provocadas por ella misma. También dejó constancia de la "lista de excusas para citas no deseadas", incluida la de estar enferma de cáncer, lo que, por supuesto, no era cierto. Durante su etapa universitaria, el número de relaciones sentimentales se amplió considerablemente.

Sylvia Plath leía con frecuencia Ladie`s Home Journal, una revista que difundía el modelo de "la perfecta chica americana" de los años cincuenta, encaminada a ser esposa y madre, sin que se esperase de ella que se dedicara a algún trabajo profesional. También conoció el libro de Fraham y Lundberg, La mujer moderna: el sexo perdido, que se consideraba la guía de la época para las relaciones de pareja en el matrimonio.


ANA MARÍA NAVALES, Mujeres de palabra: De Virginia Woolf a Nadine Gordimer, SIAL, 2006